Las infecciones respiratorias continúan siendo una de las principales causas de ingreso hospitalario, especialmente en pacientes de edad avanzada, con múltiples enfermedades o con patologías crónicas de base. En este contexto, la Medicina Interna desempeña un papel clave en la atención integral de estos pacientes, aportando una visión global, capacidad diagnóstica y coordinación asistencial que resultan esenciales para una evolución clínica favorable.
El paciente ingresado por una infección respiratoria rara vez presenta un cuadro aislado. Con frecuencia se trata de personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas, diabetes, insuficiencia renal o deterioro cognitivo, que condicionan tanto la presentación clínica como el abordaje terapéutico. Esta realidad clínica exige un enfoque integrador que evite la fragmentación de la atención y permita responder de forma eficiente a la complejidad del paciente.
El internista está especialmente preparado para:
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Valorar la interacción entre la infección y las enfermedades de base
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Ajustar tratamientos de forma individualizada
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Prevenir y detectar complicaciones derivadas del proceso infeccioso
Esta visión global es clave en procesos como la neumonía, los empeoramientos de la EPOC de origen infeccioso o las enfermedades respiratorias víricas en personas más vulnerables.
Diagnóstico clínico y abordaje transversal
La Medicina Interna se caracteriza por una capacidad diagnóstica transversal, fundamental en el manejo de las infecciones respiratorias en el ámbito hospitalario. Muchos de estos cuadros presentan síntomas inespecíficos o atípicos, especialmente en pacientes de edad avanzada, lo que exige una evaluación clínica completa y una interpretación integrada de los hallazgos.
En este sentido, el médico integra:
- La valoración clínica global del pacienteLa interpretación de pruebas analíticas y microbiológicas
- La indicación adecuada de pruebas de imagen
- La identificación de diagnósticos diferenciales no respiratorios que pueden simular o agravar el cuadro
Esta forma de trabajo reduce retrasos diagnósticos, evita pruebas innecesarias y ayuda a lograr a un tratamiento más preciso.
Tratamiento individualizado y uso responsable de antimicrobianos
Otro de los pilares del papel del internista es el manejo terapéutico ajustado al perfil del paciente. En el tratamiento de las infecciones respiratorias, esto incluye:
- Selección adecuada del tratamiento
- Ajuste de dosis según función renal, edad y comorbilidades
- Revisión periódica del tratamiento en función de la evolución clínica y los resultados
Además, el internista juega un papel fundamental en los programas de optimización del uso de antimicrobianos (PROA), contribuyendo a combatir la resistencia bacteriana y a mejorar la seguridad del paciente.
Atención integral durante todo el ingreso
La intervención del internista no se limita al tratamiento de la infección. Durante el ingreso hospitalario, la Medicina Interna aborda de forma simultánea:
- Descompensaciones de patologías crónicas
- Prevención de complicaciones tromboembólicas, delirium o deterioro funcional
- Adecuación de tratamientos crónicos
- Valoración nutricional y funcional
Este enfoque global favorece una reducción de complicaciones, estancias hospitalarias más breves y una mejor planificación del alta.
Coordinación asistencial y continuidad de cuidados
Las infecciones respiratorias en pacientes ingresados requieren con frecuencia una coordinación estrecha con otros niveles asistenciales y especialidades. El internista actúa como nexo entre:
- Servicios hospitalarios (Neumología, Microbiología, UCI)
- Atención Primaria
- Recursos sociosanitarios
Esta coordinación resulta clave para garantizar una atención adecuada tras el alta, especialmente en pacientes frágiles o con necesidades de seguimiento estrecho.
En definitiva, la atención a las infecciones respiratorias en el ámbito hospitalario pone de relieve el valor añadido de la Medicina Interna: una especialidad capaz de responder a la complejidad clínica creciente, integrando conocimiento, experiencia y visión global del paciente. En un sistema sanitario en constante transformación, la Medicina Interna se consolida como una parte esencial de la solución, aportando eficiencia, calidad asistencial y un enfoque centrado en la persona.