El aumento de la esperanza de vida y de las enfermedades crónicas ha supuesto un importante avance para la salud de la población, pero también ha traído consigo un fenómeno cada vez más frecuente: la polimedicación. Es habitual que los pacientes de edad avanzada, especialmente aquellos con varias patologías, tomen cinco, diez o incluso más fármacos de manera simultánea. Aunque muchos de ellos son necesarios, la acumulación de tratamientos incrementa el riesgo de interacciones, efectos adversos y problemas de adherencia.
En este contexto, la desprescripción ha adquirido un creciente protagonismo como una estrategia orientada a revisar periódicamente los tratamientos y valorar si todos ellos siguen siendo necesarios. No se trata de retirar medicamentos de forma indiscriminada, sino de adecuar la terapia a la situación clínica, funcional y vital de cada paciente.
La Medicina Interna desempeña un papel especialmente relevante en este proceso. El internista es uno de los profesionales que mejor conoce la evolución global del paciente complejo y dispone de una visión integradora que le permite valorar el conjunto de enfermedades y tratamientos, evitando que cada patología se aborde de forma aislada.
Revisar los tratamientos también mejora la calidad asistencial
Con frecuencia, los medicamentos que fueron apropiados en un determinado momento dejan de aportar beneficios con el paso del tiempo o pueden resultar incluso perjudiciales cuando aparecen nuevas enfermedades, cambia la situación funcional del paciente o aumentan su fragilidad y dependencia. Por ello, revisar periódicamente la medicación debería formar parte de la práctica clínica habitual.
La desprescripción requiere una valoración individualizada y consensuada con el paciente, teniendo en cuenta tanto la evidencia científica como sus preferencias y objetivos terapéuticos. En muchas ocasiones, simplificar un tratamiento puede traducirse en una mejor calidad de vida, una menor carga terapéutica y una reducción de los ingresos hospitalarios relacionados con efectos adversos de los medicamentos.
El progresivo envejecimiento de la población hace prever que el número de pacientes con múltiples enfermedades y tratamientos continúe aumentando en los próximos años. Afrontar este reto exigirá reforzar una atención cada vez más personalizada, en la que prescribir y desprescribir formen parte de una misma estrategia clínica basada en el beneficio real para cada persona.
En definitiva, una buena práctica médica no consiste únicamente en incorporar nuevas opciones terapéuticas cuando están indicadas, sino también en saber cuándo un tratamiento ha dejado de aportar valor. Porque, en determinados pacientes, retirar un medicamento puede convertirse en una de las decisiones clínicas más acertadas.