La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está transformando numerosos ámbitos de la sociedad y la sanidad. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de información, identificar patrones o agilizar determinadas tareas ha despertado un enorme interés entre los profesionales sanitarios.
La IA está transformando rápidamente la práctica clínica, la organización sanitaria y la toma de decisiones médicas. La medicina interna, caracterizada por la multimorbilidad, la incertidumbre clínica y la necesidad de una atención integrada tanto en el ámbito hospitalario como comunitario, representa un contexto particularmente relevante para la implementación responsable de este tipo de tecnología. Entre sus posibles aplicaciones se incluyen la documentación clínica, los sistemas de apoyo a la toma de decisiones, la integración de datos multidimensionales, la continuidad asistencial, la farmacovigilancia y la optimización del flujo de pacientes y la gestión de enfermedades crónicas. Los beneficios esperados incluyen la reducción de la carga administrativa, la mejora de la seguridad diagnóstica, una mejor coordinación asistencial y una mayor sostenibilidad de la práctica médica (1).
La Medicina Interna, por la complejidad de los pacientes que atiende y por la necesidad de integrar información procedente de múltiples enfermedades y especialidades, puede beneficiarse especialmente del desarrollo de estas tecnologías. La IA puede facilitar la interpretación de datos clínicos, optimizar procesos asistenciales o ayudar a identificar pacientes con mayor riesgo de complicaciones, permitiendo una atención más personalizada y eficiente.
Aumento, no reemplazo
La IA está revolucionando la atención médica al mejorar la precisión diagnóstica, optimizar los protocolos de tratamiento y potenciar la atención al paciente, especialmente en el manejo de la multimorbilidad. Los modelos basados en este tipo de tecnología facilitan la predicción temprana de complicaciones y la administración oportuna de terapias en enfermedades como el cáncer, los trastornos cardiovasculares y la diabetes (2).
Pero este potencial transformador de nuestra práctica médica conlleva asociado el riesgo de una menor capacidad de pensamiento crítico independiente cuando la IA se utiliza de forma inadecuada. Además, la dependencia excesiva de la IA puede provocar la pérdida de conocimientos previamente adquiridos, incapacidad para desarrollar nuevas habilidades y el refuerzo de prácticas incorrectas.
Por todo ello, y pese a sus posibilidades, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo a la decisión clínica y no como un sustituto del profesional sanitario. Ningún algoritmo puede valorar por sí solo las circunstancias personales de un paciente, sus preferencias, su situación funcional o el contexto social en el que se desarrolla su enfermedad (3).
El valor añadido del internista continúa siendo precisamente esa capacidad para integrar toda la información disponible y tomar decisiones individualizadas, especialmente en pacientes con pluripatología o elevada complejidad clínica. La experiencia profesional, el razonamiento clínico y la comunicación con el paciente siguen siendo elementos insustituibles de la práctica médica.
Necesidades de capacitación
La incorporación de la inteligencia artificial también plantea nuevos retos relacionados con la formación de los profesionales, la calidad de los datos, la protección de la información clínica o la transparencia de los algoritmos. Su desarrollo deberá ir acompañado de criterios éticos y científicos que garanticen un uso seguro y responsable.
Existen en la literatura múltiples artículos que plantean estrategias educativas para la supervisión clínica del uso de IA y muchos coinciden en apoyar prácticas educativas que potencien la verificación y la evaluación crítica de los resultados obtenidos.
Un estudio examinó las percepciones de estudiantes de Medicina sobre las posibles influencias de la inteligencia artificial en su práctica futura y determinó las necesidades que podrían ser útiles para la reestructuración curricular. Los participantes expresaron la necesidad de actualización de dicho currículo médico de acuerdo con las necesidades de la transformación de la atención médica impulsada por la IA. La actualización debería centrarse en la dotación de conocimientos y habilidades necesarios para utilizar eficazmente las aplicaciones de inteligencia artificial y garantizar la protección de los valores y derechos profesionales (4).
La transformación digital representa, por tanto, una oportunidad para que la Medicina Interna continúe evolucionando hacia modelos asistenciales más eficientes, sin perder la esencia que caracteriza a la especialidad: una atención integral, basada en el conocimiento, la experiencia clínica y una visión global de cada paciente. La tecnología puede cambiar la forma de trabajar, pero seguirá siendo el médico quien deba interpretar la información y tomar las decisiones que mejor respondan a las necesidades de la persona enferma.
BIBLIOGRAFÍA
(1) Tirotta, D., Di Bello, et al. Postura oficial de FADOI sobre inteligencia artificial en medicina interna. Revista Italiana de Medicina. https://doi.org/10.4081/itjm.2026.2482
(2) Chaparala, SP, Pathak, et al. Aprovechamiento de la inteligencia artificial para predecir y gestionar complicaciones en pacientes con multimorbilidad: una revisión de la literatura. Cureus, 17. https://doi.org/10.7759/cureus.77758
(3) Abdulnour, R.-EE, Gin, BC y Boscardin, CK (2025). Estrategias educativas para la supervisión clínica del uso de inteligencia artificial. The New England Journal of Medicine, 393(8) , 786-797. https://doi.org/10.1056/nejmra2503232
(4) Civaner, MM, Uncu, Y. Inteligencia artificial en la educación médica: una evaluación transversal de necesidades. BMC Medical Education, 22. https://doi.org/10.1186/s12909-022-03852-3