Polimedicación y seguridad del paciente en un sistema sanitario cada vez más complejo

La evolución del sistema sanitario en las últimas décadas ha permitido mejorar el pronóstico de muchas enfermedades. Sin embargo, este avance ha traído consigo una realidad cada vez más frecuente: pacientes que conviven con múltiples patologías y que requieren tratamientos prolongados y complejos.

En este contexto, la polimedicación se ha convertido en una constante, especialmente en personas mayores y en pacientes con enfermedades crónicas. No se trata únicamente de un mayor número de fármacos, sino de la interacción entre ellos, de su adecuación a la situación clínica del paciente y de su impacto real en la evolución de la enfermedad. Una de cada tres personas mayores de 75 años tiene polifarmacia, lo que supone aproximadamente 300.000 andaluces.

Esta nueva realidad, en muchas ocasiones, pasa desapercibida. A diferencia de otros problemas clínicos más visibles, la polimedicación no siempre genera una alerta inmediata. Sin embargo, sus consecuencias pueden ser relevantes: interacciones farmacológicas, efectos adversos, problemas de adherencia o dificultades en la comprensión del tratamiento.

Además, el manejo de estos pacientes no depende de un único profesional ni de un único momento asistencial. A lo largo de su evolución, intervienen distintos especialistas y ámbitos asistenciales, lo que puede dar lugar a una acumulación progresiva de tratamientos que no siempre se revisan de forma global.

Revisiones periódicas para la seguridad del paciente

Por este motivo, la revisión periódica de la medicación se convierte en un elemento esencial para garantizar la seguridad del paciente. No se trata únicamente de añadir tratamientos, sino también de valorar su necesidad, ajustar dosis, retirar aquellos fármacos que ya no aportan beneficio y priorizar en función de la situación clínica.

Este enfoque adquiere una especial relevancia en momentos clave del proceso asistencial, como el ingreso hospitalario o el alta, donde se producen cambios terapéuticos que deben ser analizados en conjunto. Una revisión adecuada en estos puntos puede evitar problemas posteriores y mejorar la evolución del paciente.

La polimedicación, por tanto, no es solo una cuestión farmacológica, sino un reflejo de la complejidad del paciente y del propio sistema sanitario. Abordarla requiere un amplio conocimiento fisiopatológico completo del organismo que permita una visión global, integrar información, coordinar decisiones y adaptar el tratamiento a las necesidades reales de cada momento en cada persona.

El papel del médico internista

En este sentido, la Medicina Interna, por su formación fisiopatológica amplia y enfoque integral en el manejo de pacientes con múltiples patologías, desempeña un papel relevante (junto a la Medicina Familiar y Comunitaria) en la revisión y optimización de tratamientos, contribuyendo a mejorar la seguridad y la calidad asistencial.

En un sistema sanitario cada vez más complejo, garantizar que el tratamiento sea adecuado, comprensible y seguro es tan importante como el propio diagnóstico. Y es precisamente en esa revisión, muchas veces silenciosa, donde se construye una parte esencial de la calidad asistencial.